Randolph, era un elfo muy sabio a pesar de su edad. Tenía el pelo negro y los ojos verdosos tirando a gris. Vivía en una aldea muy pequeña, situada al este del monte Oscuro. La mayor parte del bosque estaba gobernado por una gran bestia muy malvada. Eran tiempos muy oscuros, donde solo habían días nublados y noches oscuras y frías. Los elfos y las demás criaturas tenias pánico de salir a los caminos, porque estaban custodiados por unas arpías muy malas, que les estiraban del pelo y de las ropas. Randolph poseía una llave muy pequeña de plata, que brillaba como el sol. La había heredado de su abuelo, que la dejó en su poder antes de morir. También le había transmitido toda su sabiduría. La llave, habría una puerta, que estaba en el fondo de una cueva, en el interior de un lago. Randolph era el encargado de abrir la puerta, a través de un mecanismo muy antiguo y con la llave. Cuando se abría la puerta se creaba una burbuja, que permitía a los demás seres, tener sueños bonitos y ser felices, a pesar de estar rodeados del poder oscuro de la bestia. Una tarde, mientras Randolph dormía la siesta, una de las arpías, enterada de la importancia de la llave, entró en su casa. Echo un polvo mágico encima de Randolph para que siguiera durmiendo y no se despertara. Acto seguido, le quitó la llave y se la entregó a la bestia. Cuando randolph despertó, vio su casa revuelta y empezó a buscar la llave, pero no la encontró. Los habitantes del monte Oscuro perdieron toda esperaza de ser felices. La bestia intento averiguar el lugar de donde estaba la puerta, pero no lo consiguió, tan siquiera sabía por donde empezar, así que la guardo en un cofre. Randolph y los demás seres idearon un plan, que les costó varias semanas, y días más tarde lo pusieron en práctica. Tuvieron que pasar varios peligros, pero lo consiguieron. La esperanza e ilusión de ser felices, volvió a manifestarse en el rostro de los habitantes del monte Oscuro. Randolph aprendió la lección, y nunca más volvió a separase de la llave.